Lo perdí en un parpadeo
Esto lo soñé...pero lo sentí despierta En una tarde tibia y alegre, Marina, su esposo y su pequeño hijo Elías, un pequeño de 2 años, asistían a una fiesta en una casa desconocida, donde una alberca tranquila reflejaba el cielo. Todo parecía normal: risas, música, pasos... hasta que, de pronto, Elías desapareció. Marina lo vio caer al agua y se lanzó sin pensarlo, pero por más que buscaba bajo la superficie, su hijo no estaba. El agua era poca, no había dónde esconderse… solo halló flotando un muñequito gris, con ojos quietos y cuerpo pequeño, sujetando uno de los carritos favoritos de Elías en su mano. El corazón de Marina se encogió. —Este es Elías —susurró—. Lo transformaron en muñeco. Nadie le creyó. Ni siquiera Daniel, el padre. Pero ella no dudó. Una mujer en la fiesta se acercó con voz baja y mirada antigua: —Aquí vive un brujo. A veces hace maldades. Eso bastó. Marina, con el muñequito colgado al cuello como un amuleto de amor, corrió fuera de la fiesta. Daniel intentó detenerla...