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🩸 El sueño de la luna carmesí Parte 2

Lia se dirigió a la preparatoria, sintiendo una nube gris que la envolvía. Las náuseas la atacaban sin previo aviso y la cabeza le daba vueltas. No podía sacudirse la sensación de irrealidad que la acompañaba desde la noche anterior. Cada vez que miraba su muñeca, veía las dos pequeñas marcas que parecían burlarse de ella. ¿Qué había pasado realmente? ¿Fue un sueño? La duda la consumía. Intentó concentrarse en las clases, pero su mente divagaba hacia la figura misteriosa y sus ojos rojos brillantes. Sentía un escalofrío cada vez que recordaba el roce de sus colmillos en su piel. "Su toque era frío... pero su pulso ardía." La frase resonaba en su mente como un mantra. No tenía hambre, pero la sed era insaciable. Bebía agua sin parar, pero su garganta seguía seca. Lia se preguntaba si estaba enfermando. "Debe ser imaginación mía", se decía, tratando de sacudir la sensación de que algo no estaba bien. A la salida de la escuela, un grupo de chicos jugaba en el patio, la...

🩸 El sueño de la luna carmesí Parte 1

Aquella noche, la luna parecía más cercana que nunca. Su luz azulada se filtraba entre las cortinas y pintaba la habitación con un resplandor etéreo. Lia dormía profundamente, con el rostro sereno y el corazón tranquilo, ajena a que algo —o alguien— la observaba desde la penumbra. Un leve crujido la hizo abrir los ojos. Frente a ella, una figura se alzaba en silencio. Era un hombre de belleza imposible: su piel parecía hecha de mármol, su cabello oscuro caía sobre unos ojos rojos que brillaban como brasas. Lia se quedó inmóvil, incapaz de sentir miedo. “Debe ser un sueño… alguien tan hermoso no existe”, pensó, mientras una suave sonrisa se dibujaba en los labios del desconocido. Él se inclinó con una elegancia inhumana y susurró, casi rozando su oído: —Entonces… no despiertes. Tomó con delicadeza su brazo, justo donde la piel es más delgada y las venas laten bajo la superficie. Sus colmillos rozaron esa zona, fríos como la luna. Lia sintió un leve ardor, pero también una calma extr...

🔥 Lo que vimos esa noche

Historia real Todo pasó en Año Nuevo. Las campanadas marcaron la medianoche, nos dimos los abrazos, brindamos y entre risas sentíamos que el nuevo año sería especial. Yo tenía 13 y mi prima Valeria, 15. Justo cuando el bullicio estaba en su punto, a ella le entró una llamada. No dijo mucho. Solo me tomó de la mano con fuerza, sin soltar el teléfono, y me dijo: —Ven, Lina, acompáñame. Cruzamos el patio y fuimos a la parte de atrás de la casa, donde había una obra en construcción. Estábamos completamente solas. El silencio era raro, como si el resto del mundo se hubiera apagado. Mi prima dejó de hablar de pronto, se quedó quieta, mirando hacia arriba con los ojos muy abiertos. Seguí su mirada. Y entonces la vi. Una bola de fuego en el cielo, grande, con tonos rojos y naranjas vibrantes, ardía como un fuego vivo. En ese momento pensamos que era un meteoro… aunque, siendo sinceras, nunca habíamos visto uno caer. Solo lo conocíamos por películas o ilustraciones. Pero parecía algo así. Aunqu...

Me fui mientras dormían... Historia Real

Todo comenzó cuando yo tenía 23 años. Crecí en una familia muy tradicional donde me metieron la idea de que debía llegar virgen al matrimonio. En ese tiempo vivía con mi abuela por temas de estudio, y tenía un novio al que vamos a llamar Francisco. Él fue mi primera vez. Nuestra relación era linda. Él iba a verme a casa de mi abuela, pero jamás entraba, porque para ella eso era una falta de respeto. Según sus reglas, un hombre solo podía cruzar esa puerta si ya era mi esposo. Un día, Francisco fue a visitarme. Platicamos afuera como siempre. No había nadie en casa. Antes de irse me pidió un vaso de agua, le dije: —Espérame aquí afuera, no vaya a llegar mi abuela y se arme un problema. Fui a la cocina y cuando regresé, él estaba con un pie adentro de la casa. Le di el agua, se la tomó, nos despedimos y se fue. En eso… llegó una tía… y lo vio "salir". Yo pensé: ya valió, pero lo dejé pasar. Dije no creo que sea tan víbora como para inventar algo. Media hora después, estaba en m...

Lo perdí en un parpadeo

Esto lo soñé...pero lo sentí despierta En una tarde tibia y alegre, Marina, su esposo y su pequeño hijo Elías, un pequeño de 2 años, asistían a una fiesta en una casa desconocida, donde una alberca tranquila reflejaba el cielo. Todo parecía normal: risas, música, pasos... hasta que, de pronto, Elías desapareció. Marina lo vio caer al agua y se lanzó sin pensarlo, pero por más que buscaba bajo la superficie, su hijo no estaba. El agua era poca, no había dónde esconderse… solo halló flotando un muñequito gris, con ojos quietos y cuerpo pequeño, sujetando uno de los carritos favoritos de Elías en su mano. El corazón de Marina se encogió. —Este es Elías —susurró—. Lo transformaron en muñeco. Nadie le creyó. Ni siquiera Daniel, el padre. Pero ella no dudó. Una mujer en la fiesta se acercó con voz baja y mirada antigua: —Aquí vive un brujo. A veces hace maldades. Eso bastó. Marina, con el muñequito colgado al cuello como un amuleto de amor, corrió fuera de la fiesta. Daniel intentó detenerla...