Me fui mientras dormían... Historia Real



Todo comenzó cuando yo tenía 23 años. Crecí en una familia muy tradicional donde me metieron la idea de que debía llegar virgen al matrimonio. En ese tiempo vivía con mi abuela por temas de estudio, y tenía un novio al que vamos a llamar Francisco. Él fue mi primera vez.
Nuestra relación era linda. Él iba a verme a casa de mi abuela, pero jamás entraba, porque para ella eso era una falta de respeto. Según sus reglas, un hombre solo podía cruzar esa puerta si ya era mi esposo.

Un día, Francisco fue a visitarme. Platicamos afuera como siempre. No había nadie en casa. Antes de irse me pidió un vaso de agua, le dije:
—Espérame aquí afuera, no vaya a llegar mi abuela y se arme un problema.
Fui a la cocina y cuando regresé, él estaba con un pie adentro de la casa. Le di el agua, se la tomó, nos despedimos y se fue. En eso… llegó una tía… y lo vio "salir".

Yo pensé: ya valió, pero lo dejé pasar. Dije no creo que sea tan víbora como para inventar algo.
Media hora después, estaba en mi cuarto haciendo tareas cuando empezaron a golpear la puerta como si quisieran tirarla.
—¿Quién es?
—¡Soy tu abuela, ábreme ya!

Le abrí y la mujer que vi no era mi abuela. Era un monstruo. Con una furia que jamás le había visto, me gritó:
—¡¿Cómo te atreviste a meter a Francisco a la casa?! ¡Te subiste con él a tu cuarto! ¡Dios sabrá qué hicieron!
Yo intenté hablar, pero me interrumpió:
—¡Eres una PUTA! ¡Una cualquiera!

Me solté a llorar. Le grité que cómo podía creerle a esa chismosa, que ni siquiera era su hija, que solo era la vieja que se casó con su hijo, y que no se molestó ni en preguntarme qué había pasado. ¡Ella me conocía!
Le cerré la puerta en la cara y le dije que no quería verla hasta que estuviera tranquila.

Llamé a mi mamá, le conté todo. Ella habló con mi abuela. Nunca supe qué le dijo, pero cuando bajé, mi abuela estaba como si nada hubiera pasado. Jamás me pidió perdón.

Con el tiempo, vi algunas red flags en Francisco y terminé la relación. Duramos un año.
Luego me mudé de ciudad, regresé con mis papás, y ahí conocí a Lucas. Tenía 25 cuando lo conocí. Desde el primer momento me gustó, y cuatro meses después lo invité a salir.
Empezamos a salir, a conocernos mejor, y eventualmente iniciamos una relación. Pero luego, él tuvo que mudarse por trabajo. Me dijo:
—¿Por qué no buscas trabajo en tu ciudad natal?

Volví a pedirle permiso a mi abuela para quedarme un tiempo. Aceptó.
Pero justo cuando llegué, empezó el rumor de la pandemia y nadie estaba contratando. Lucas me dijo:
—Vente conmigo. Acá hay más oportunidades.
Yo le respondí que no podía, estaba muy lejos y no tenía dinero.
—No te preocupes —me dijo—, yo te pago el boleto.

Entonces hablé con mi mamá y mi abuela. Les conté mis planes, pero fue un rotundo NO.
Les dije que no les pedía permiso, les estaba avisando. Tenía la edad suficiente para decidir.
No hubo forma. No me dejaron ir.

Así que… el día de mi vuelo, me levanté a las 5 de la mañana mientras todos dormían. Me fui sin que nadie pudiera detenerme.
A las 9 ya tenía el teléfono lleno de llamadas. Les dije que no me fui sin avisar, ya que yo ya les había contado mis planes y no les estaba pidiendo permiso.
Mi mamá solo me pidió que le pidiera disculpas a mi abuela. Lo intenté… pero nunca me contestó el teléfono.
Y lo peor: quienes más me marcaron para reclamarme fueron los mismos tíos chismosos.

Han pasado 6 años desde entonces.
Hoy sigo con Lucas, tenemos un hijo de 2 años, y mi abuela actúa como si nunca me hubiera gritado 'puta' en la cara. Como si no me hubiera humillado.

Y para los que se preguntan:
No, no estamos casados.
Mi mamá siempre me anduvo diciendo que ya nos casáramos, que venimos de una familia tradicional y que “así se hacen las cosas”.
Hasta que un día me cansé y le dije:
—¿Y tú me vas a pagar la boda? Porque en esa familia tradicional que mencionas, la familia de la novia la paga, ¿o no?
Y curiosamente… ya nunca volvió a tocar el tema.

Y aunque hoy estoy feliz con mi pareja y mi hijo, a veces me pregunto, en silencio…
¿fui yo la que estuvo mal?

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