🩸 El sueño de la luna carmesí Parte 1
Aquella noche, la luna parecía más cercana que nunca. Su luz azulada se filtraba entre las cortinas y pintaba la habitación con un resplandor etéreo. Lia dormía profundamente, con el rostro sereno y el corazón tranquilo, ajena a que algo —o alguien— la observaba desde la penumbra.
Un leve crujido la hizo abrir los ojos. Frente a ella, una figura se alzaba en silencio. Era un hombre de belleza imposible: su piel parecía hecha de mármol, su cabello oscuro caía sobre unos ojos rojos que brillaban como brasas.
Lia se quedó inmóvil, incapaz de sentir miedo.
“Debe ser un sueño… alguien tan hermoso no existe”, pensó, mientras una suave sonrisa se dibujaba en los labios del desconocido.
Él se inclinó con una elegancia inhumana y susurró, casi rozando su oído:
—Entonces… no despiertes.
Tomó con delicadeza su brazo, justo donde la piel es más delgada y las venas laten bajo la superficie. Sus colmillos rozaron esa zona, fríos como la luna. Lia sintió un leve ardor, pero también una calma extraña, dulce, hipnótica.
“Su toque era frío… pero su pulso ardía.”
Cuando abrió los ojos, la mañana ya había llegado. La habitación estaba tranquila, la ventana cerrada. Todo parecía normal.
Todo… excepto por las dos pequeñas marcas en la parte baja de su mano.
Lia las observó, confundida, mientras un destello rojo, casi invisible, brillaba bajo la luz del sol.
—¿Fue un sueño… o realmente ocurrió? —susurró.